Sin duda que los últimos años han sido claves para una puesta en marcha efectiva de la electromovilidad en Chile y el resto del mundo. Esta revolución que hasta hace poco se pensaba como un desafío del futuro, hoy está más presente que nunca, y trae consigo nuevas metas públicas y privadas respecto a una demanda global que crece a pasos agigantados.
La política energética de Chile para el 2050 –recientemente adelantada en diez años por la actual ministra de la cartera– tiene como eje estratégico la incorporación sostenida de fuentes «amigables» en la generación eléctrica, permitiendo con esto descarbonizar en cierto grado la matriz y crear una oportunidad importante para implementar, por ejemplo, maquinaria y vehículos útiles de carga y transporte con un mínimo impacto en el medio ambiente.
Para poder cumplir con los objetivos trazados por el Ministerio de Energía, hay una serie de desafíos para las empresas generadoras, distribuidoras, las autoridades e incluso el Coordinador Eléctrico Nacional. Por otro lado, hay que considerar una infraestructura capaz de soportar el crecimiento del parque de vehículos eléctricos, así eso signifique ampliar la red actual o diseñar un sistema de respaldo.
Según la Asociación Nacional Automotriz de Chile la tasa de motorización en nuestro país es de un auto cada 3,8 personas, lo que se traduce en aproximadamente 4,5 millones de autos en circulación a 2018. Siguiendo la nueva estrategia establecida por el Gobierno, al 2050 el 40% de los vehículos particulares y el 100% de los estatales podrían ser eléctricos.
Un gran desafío: cómo satisfacer el consumo eléctrico al medio siglo
Claro está que el parque automotor también será muy superior al actual. Algunas estimaciones hablan que para esa fecha Chile contaría con 12,5 millones de vehículos, de los cuales 5 millones eventualmente serán impulsados con electricidad.
Para nuestro gerente de estudios, Diego Sepúlveda Undurraga, el primer reto tiene que ver con un factor de variabilidad y los cambios que se pueden generar en los peaks de consumo, que no son fáciles de determinar. Por otro lado, se debe avanzar en lo que hoy ya se está trabajando, con relación a nueva normativa asociada a la flexibilidad del Sistema Eléctrico Nacional para responder cuando exista un cambio importante en la demanda.
“Una opción es que la demanda suba mucho en la noche o quizás en el día dónde antes había una demanda baja, alterando las cifras incluso de lo que conocemos como alta demanda y baja demanda”, agrega el ingeniero especialista en estudios eléctricos.
El Coordinador Eléctrico Nacional cumple un rol fundamental en este trabajo considerando aquellas variables. El panorama puede complicarse si este incremento de vehículos eléctricos es más rápido que los proyectos diseñados para soportar este cambio. Por lo que es de gran importancia estudiar todos los posibles escenarios sin ponerle trabas al camino que se están abriendo estas tecnologías.
Para Sepúlveda a través de ciertos factores, proyecciones y supuestos, se puede afrontar sin grandes complicaciones el desafío de la electromovilidad, estando Reich Ingeniería plenamente capacitado para determinar diferentes escenarios y variaciones repentinas de demanda energética. “Chile no necesita generar más energía. Tenemos el doble la que necesitamos, sin embargo, dónde habría que trabajar es en los sistemas de transmisión y desde luego, distribución”, comenta.
Cambios de hábito de consumo
El tiempo que demora en cargar un auto eléctrico -al menos con la tecnología actual- depende de tres factores: la capacidad de la batería en kWh, la potencia del punto de recarga en kW, y la potencia máxima a la que el auto puede ser recargado.
Según un artículo publicado por la empresa sueca fabricante de vehículos industriales y de uso personal, AB Volvo, no se puede conocer un tiempo aproximado para la carga sin tener en cuenta esos tres factores. En el caso de que las potencias del punto de recarga y la potencia de recarga del auto sean distintas, será la menor de ellas la que establezca el tiempo de carga total. El tercer factor, la capacidad de la batería, fijará por tanto el tiempo máximo de recarga a determinada potencia.
“Si tenemos una batería de 22 kWh y podemos recargar en una toma de 3,7 kW, tardaríamos un máximo de 6 horas en almacenar toda la energía. Cargando a 7,4 kW el tiempo se reduciría a la mitad. En caso de enormes baterías como, por ejemplo, una de 100 kWh (autonomías rondando los 500 km, aproximadamente), una recarga a 3,7 kW tardaría 27 horas, por lo que se hace necesario disponer de la máxima potencia posible para la recarga. Por ejemplo, si fuese posible recargar esa batería con una potencia de 22 kW solo tendríamos que esperar 4,5 horas para tenerla al 100%”, explica la nota del sitio oficial de la empresa europea.
Para nuestro ingeniero eléctrico y ex profesor de la Universidad de Santiago de Chile, Diego González Moraga, el desafío está en determinar en qué momento los usuarios van a recargar sus vehículos, considerando el tiempo que podría tomar, que al menos hoy muy superior al que tarda uno de combustión.
“La mayoría va a cargar sus vehículos en la noche, por razones lógicas. Lo que va a implicar un cambio en el comportamiento de la demanda de energía, tendiendo a aumentar en la noche. Esto se traduce, desde un punto de vista de generación, como rampas de energía. Por lo que contar con centrales que tengan la capacidad adecuada o medios de almacenamiento de energía como baterías, va a ser el principal desafío”, comenta González.
El paso agigantado con que la tecnología relacionada a las energías renovables ha ido creciendo el último periodo, no sólo en términos de generación sino que en todas sus aplicaciones, deja claridad de la hoja de ruta que varios gobiernos, empresas y particulares están trazando. Siendo necesario que todos quienes tengan algún nivel de incidencia en el mercado eléctrico y son claves clave en el desarrollo de este tipo de proyectos, estén preparados para apoyar esta revolución energética que busca, entre otras cosas, agotar la menor cantidad de recursos que hoy amenazan a la humanidad con desaparecer.
